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Estrategia Nutricional En COVID-19

La nutrición ha sido cada vez más reconocida como un área relevante en el contexto de la pandemia COVID-19 y se ha informado que la doble carga de malnutrición, es decir, desnutrición y obesidad, parece un factor de riesgo de enfermedad grave en la infección por SARS-CoV-2 (1). La alimentación y la nutrición se están convirtiendo como determinantes importantes en la prevención de enfermedades y como una de las áreas de intervención prioritarias para minimizar las consecuencias de esta infección viral.

Un estado nutricional y de hidratación adecuado permite mantener el sistema inmunitario en buen estado, reducir los procesos inflamatorios y el control metabólico, que son condiciones importantes para hacer frente a la enfermedad (2).

La mayoría de las personas infectadas que necesitan internamiento hospitalario son personas mayores o individuos con enfermedades crónicas (obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares) (3). También sabemos que los factores que se han asociado a un mayor riesgo de enfermedad grave y, en consecuencia con un peor pronóstico, son la hipoalbuminemia, linfopenia, sarcopenia/fragilidad, índice de masa corporal elevado (IMC) y la obesidad, teniendo relación con un estado nutricional peor (4).

Se propone que el primer nivel de intervención sea a nivel poblacional, consistiendo en fomentar la educación nutricional, para que los invididuos realicen elecciones alimentarias más informadas, desde el planeamiento y compra hasta la necesidad de reforzar los principios para una alimentación saludable y las buenas prácticas de higiene y seguridad alimentaria. Las medidas implementadas para evitar la expansión del COVID-19 (aislamiento social), aumenta la necesidad de adecuar los hábitos de compra/planeamiento y consecuentemente los comportamientos alimentarios (2).

Los comportamientos alimentarios en esta situación son el punto de mira, ya que los niveles de estrés se han visto aumentados en la pandemia. El estrés activa mecanismos de recompensa que conlleva al aumento del consumo de alimentos hiperpalatables, ricos en grasas, azúcar o sal (5). Además el estrés, también puede perturbar el sueño, agravando todavía más el estrés y su relación con la comida, dando origen a un ciclo vicioso que puede llevar a desequilbrios alimentarios (6). También, existen algunos estudios que demuestran una relación entre el aumento de estrés y un mayor IMC (7).

Existen diversos factores que contribuyen a la relación entre el estrés y la ganancia de peso, incluyendo la disminución de actividad física, aumento del sedentarismo, alteraciones hormonales relacionadas con el estrés, alteraciones en los patrones alimentarios, disminución de horas de sueño y aumento de hambre emocional. La cantidad de cortisol liberado en respuesta al estrés puede ser un factor determinante en la ecuación estrés-ganancia de peso. Por otro lado, el estrés agudo típicamente resulta en la disminución de la ingesta alimentaria (8).

Si vemos a un león lo primero que vamos a hacer es salir corriendo, olvidándonos de comer, orinar, dormir… hasta el momento de estar a salvo. Ahí, vamos a comer todo lo que no hemos comido anteriormente.

Estos comportamientos pueden ser la base de una ingestión energética excesiva y ser acompañados de un consumo deficiente de micronutrientes, que es comúnmente asociada a una respuesta inmune más fragil (7).

Estos son algunos de los factores que reflejan la importancia de la presencia del Nutricionista-Dietista en la sociedad, en contexto del COVID-19. La estrategia de alimentación y nutrición, es vital para mitigar las perniciosas consecuencias generalizadas de la crisis del COVID-19 en los hábitos alimentarios de la población, apoyar un adecuado estado nutricional en grupos de riesgo y garantizar el apoyo nutricional adecuado para los pacientes con COVID-19 (2).

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Dieta Fermentada – Procesos Cognitivos

Resumen

La dieta fermentada presentó efectos beneficiosos en los procesos cognitivos en personas mayores de 65 años. El conjunto del consumo mínimo de vino tinto, consumo moderado a abundante de café y la combinación de entrenamiento de resistencia y suplementación con bifidobacterias probióticas puede mejorar la salud mental. Realizamos una memoria científica para ver si el consumo de alimentos y bebidas fermentadas podría ayudar a prevenir el deterioro cognitivo relacionado con la edad. Este trabajo se formuló de acuerdo con la estrategia PICO (Población, Intervención, Comparación, Resultados). Se realizó una búsqueda bibliográfica de publicaciones en las bases de datos SCOPUS, PUBMED y COCHRANE cubriendo los artículos publicados desde marzo de 1991 en adelante para evaluar la evidencia más reciente. Examinamos un total de 128 estudios e incluimos 8 estudios (3 de cohortes, 4 prospectivos longitudinales y 1 diseño experimental). En cuanto al consumo del vino tinto los beneficios en los procesos cognitivos no se puede establecer con firmeza ya que el consumo de vino tinto en la mediana edad se estudió con diferentes medidas de resultados y puede ser que los efectos beneficiosos encontrados sean por los compuestos del vino y también por las covariantes, ya que se informó que los participantes que beben vino tienen mayor calidad de vida, y puede estar asociado negativamente el consumo de alcohol en los procesos cognitivos. Por otro lado, el consumo moderado-abundante de café junto a la combinación de entrenamiento de resistencia y suplementación con bifidobacterias probióticas pueden mejorar la condición mental. A pesar de la escasez de evidencia sobre el tema, nuestra memoria mostró que existen algunos efectos positivos de la dieta fermentada compuesta por el consumo de vino tinto, café y la suplementación con bifidobacterias probióticas sobre el rendimiento cognitivo asociándose con potenciales beneficios para el envejecimiento cerebral en ancianos de sexo masculino cognitivamente estables sin patologías significativas y sin el alelo APOE-ɛ4, pero son necesarios más estudios.

Palabras claves: Dieta fermentada, vino tinto, café, probióticos, procesos cognitivos, demencia y Alzheimer.


Bibliografía

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Consumo De Lácteos Y Desarrollo De Acné

El acné es una patología crónica inflamatoria de la piel que presenta elevada prevalencia en adolescentes y jóvenes adultos y un fuerte impacto psicosocial, pudiendo llevar a la disminución de la autoestima, ansiedad, rechazo social y hasta la ideación suicida (1,2).

Se caracteriza por el desarrollo recurrente o crónico en áreas de la piel con mayor densidad de folículos sebáceos como por ejemplo la cara, parte superior del tórax y el dorso (1,2).

La patogénesis del acné parece resultar de una interacción compleja de factores del hospedero como la estimulación androgénica de las glándulas sebáceas, reacciones inflamatorias o inmunes y disbiosis del microbioma, pudiendo ser influencia por la genética y posiblemente por la alimentación (1,2).

Existen diversos mitos nutricionales/alimentarios difundidos en la sociedad sin ningún fundamento científico sólido. Por tanto, es de gran importancia revisar la evidencia disponible sobre la relación entre el consumo de productos lácteos y el aparecimiento o agravamiento de lesiones de acné para discutir y esclarecer todas las dudas acerca del tema (3).


Revisando la evidencia disponible de varios estudios observacionales (4-10) en la revisión Acta Portuguesa de nutrição 25 (2021) podemos manifestar que se ha observado la relación del consumo de lácteos en la aparición del acné. La ingestión de lácteos estuvo asociada a un OR superior para el acné, comparándolo con los no consumidores (5,6,7,10). Esta asociación se atribuye particularmente a la leche, siendo más robusta la leche desnatada (4,6,8). En el estudio Kara et al (9) el consumo de queso fué superior en el grupo con acné (1434,05 ± 989,52 g) comparado al grupo control ((1039,24 ± 669,04 g) con significado estadístico p<0,05). Por el contrario, hay que confirmar que para los derivados lácteos (queso, yogur, kéfir, helado) la evidencia existente es aún más insuficiente que para la leche (4,7,9).


El papel de la alimentación en el acné es una preocupación frecuente y genera muchas dudas en la población (8).

Ha sido propuesto que la asociación leche-acné se pueda atribuir a la presencia de componentes hormonales naturales o de otras moléculas bioactivas en la leche (3). Otra hipótesis apunta para el aumento de los niveles de insulina como factor de crecimiento (IGF), secundarios a la ingestión de lácteos, puedan ser la causa de esta relación (2). Algunos autores teorizan que la proteína de suero de leche tenga un papel en la fisiopatología del acné (4). En esta secuencia, una explicación posible para la asociacción más significativa con la leche desnatada, puede ser justificado debido a su menor cantidad de grasa, provocar una menor saciedad, llevando a una mayor ingestión total de proteína de leche (4).

Basándome en la revisión Acta Portuguesa de Nutrição 25 (2021) es relevante destacar que los artículos analizados se basan en estudios observacionales y son de moderada calidad. La evidencia científica es limitada y se necesita esclarecer cuál es el papel de la alimentación en esta patología.


CONCLUSIÓN

De acuerdo con la evidencia actual disponible, parece existir una asociación entre el consumo de algunos lácteos, especialmente la leche desnatada y el desarrollo de acné. Esta relación parece ser más evidente para mayores frecuencias y cantidades de la leche (3).

A pesar de esto no es posible tomar una decisión, con elevado grado de confianza, de que exista una casualidad lácteos-acné o que la eliminación de leche llevaría a una mejora de las lesiones de acné o prevenir su aparecimiento.


BIBLIOGRAFÍA

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Alimentación Sostenible

Desde hace unos años está creciendo el interés por los vínculos entre la biodiversidad y la nutrición.
Sería muy interesante si todos ponemos en práctica una economía verde y circular, lo que significa llevar a cabo un estilo de vida cuyo propósito es comprar más verde, es decir, fomentar el consumo de alimentos de origen vegetal que tiene menos impacto para el medio ambiente y por otro lado, reutilizar para optimizar los recursos naturales y humanos.


Si lo enfocamos en el área de nutrición, sería una alimentación con bajo impacto ambiental, que además de ser nutritiva, segura, económica y asequible, ofrece una vida sana para las generaciones presentes y futuras, es decir, suplir las necesidades de la población actual sin perjudicar a la población futura ya que cada vez hay más alimentos en riesgo de extinción como puede ser el arroz, el maíz y el trigo, de ahí a que en países como Brasil el precio del arroz ha casi duplicado siendo una necesidad básica para ellos y muchas familias han tenido que cambiar esos alimentos que estaban presente en su día a día por otros más baratos y no tan interesante nutricionalmente.


Los problemas de este tipo a veces se ven agravados por una disminución de la diversidad del patrón alimentario y la sustitución de alimentos locales o tradicionales ricos en micronutrientes como los cereales, legumbres, raíces y frutos secos por alternativas más convencionales comercializadas a nivel mundial siendo impulsado en parte por las acciones de la industria alimentaria (Moodie et al., 2013). Muchas partes del mundo están en transición hacia una dieta «occidental», dominada por un alto consumo de carbohidratos refinados, azúcares añadidos, grasas y alimentos de origen animal (terrestre) (Popkin, Adair y Ng, 2012).


Esta tendencia se ha visto implicada en el aumento de la obesidad (OMS, 2018), las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, las enfermedades autoinmunes y algunos cánceres (Murray et al., 2013).


Es importante señalar que los cambios en la alimentación han sido causados no solo por cambios en la oferta, sino también por los cambios en la demanda causados por ejemplo por el aumento de las horas de trabajo fuera de casa que han provocado un cambio en la demanda de alimentos más cómodos y procesados (Kennedy, Nantel y Shetty, 2004) debido a una mala gestión de la planificación y también por una gran dependencia de proteína animal combinada con una falta diversidad de alimentos en nuestro patrón alimentario.


El consumo de carne es altamente ineficiente y perjudicial para el medio ambiente. Si empezamos por reducir una ración a la semana obtendremos millones de beneficios y en el caso que se consuma, que sea en cantidades moderadas y todas las partes del animal deben ser consumidas para disminuir el desperdicio.


Un enfoque que puede utilizarse para promover la biodiversidad es el consumo de alimentos sostenibles. Elegir productos ecológicos, consumir mayor variedad de alimentos, alimentos de diferentes grupos, por ejemplo, combinar el arroz con las alubias o variar los alimentos dentro de un grupo, es decir, comer manzanas un día y peras al día siguiente (Dwyer, 2012). Este aspecto es de gran relevancia ya que la promoción de un alimento individual puede conducir a la sobreexplotación del mismo para satisfacer la demanda.

Por tanto, el reto consiste en hacer que los alimentos frescos y variados estén más disponibles, sean más asequibles y resulten más atractivos.


Otro aspecto muy importante es disminuir el desperdicio alimentario, ya que si reducimos ¼ del desperdicio alimentario, conseguiríamos alimentar a 670 millones de personas. Es muy fácil llevarlo a cabo, algunas prácticas serían: usar los alimentos que ya están maduros para la elaboración de platos, utilizar todas las partes del alimento, como la piel, cáscara o semillas y alcanzar un equilibrio entre la ingesta energética y los requerimientos nutricionales, ya que se compra mucha comida que después hay que tirar o por el contrario, nos obligamos a comer cantidades elevadas para no tirarla, perjudicando la salud. En 2011 se estimó que todos los días 1/3 de la comida mundial es desperdiciada siendo el porcentaje considerablemente mayor en países desarrollados.


CONCLUSIÓN

Si no actuamos ante este riesgo, tendremos un planeta severamente degradado, con un aumento elevado en la población de malnutrición y enfermedades evitables. Actualmente tenemos una prevalencia de 800 millones de personas con hambre y 2 mil millones con exceso de peso u obesidad.

El ángulo más prometedor es llevar a cabo una alimentación saludable y sostenible, mejorar las prácticas de producción y reducir el desperdicio alimentario para asegurar el bien estar de las próximas generaciones.


BIBLIOGRAFÍA

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Eje Intestino-Cerebro

En contraste con el enfoque en un solo nutriente o grupo de alimentos, los nutrientes no se consumen de forma aislada sino como parte de los alimentos o de un patrón alimentario, que consiste en un complejo de varios alimentos y nutrientes, con posibles interacciones sinérgicas o antagonistas para proporcionar una salud más fuerte en comparación con los efectos de sus componentes individuales. Por tanto, investigar alimentos o patrones dietéticos generales en lugar de nutrientes individuales parece ser un enfoque más prometedor (1,2).


Uno de los descubrimientos científicos más importantes de los últimos años fue la revelación de que la microflora intestinal participa en la comunicación bidireccional entre el intestino y el cerebro.


Algunos estudios sugieren que la microflora intestinal humana puede incluso actuar como el «segundo cerebro» y ser responsable de diversas patologías, teniendo origen en el intestino y siendo estrechamente relacionada con el desequilibrio de la microbiota intestinal (3).


Se cree que la microbiota (colonizada por billones de microorganismos) se forma entre uno y tres años después del nacimiento, pero puede verse alterada por los alimentos, el estrés, el tratamiento con antibióticos y el envejecimiento (4).


Existe una creciente evidencia de que la microbiota intestinal regula el desarrollo, la función y el comportamiento del cerebro. También influye profundamente en muchos aspectos de la fisiología del huésped, incluido el metabolismo de los nutrientes, la resistencia a las infecciones y el desarrollo del sistema inmunológico. Tanto la microbiota intestinal como el sistema inmunológico están implicados en la etiopatogenia o manifestación de enfermedades del neurodesarrollo, psiquiátricas y neurodegenerativas, como el trastorno del espectro autista, la depresión y la enfermedad de Alzheimer (5).


Una composición de microbiota saludable puede ser de inmenso beneficio para la defensa inmunológica sistémica y la función y homeostasis del cerebro. Por lo tanto, la función de barrera gastrointestinal y la microbiota intestinal están entre los factores clave de la salud mental (6).


CONCLUSIÓN

Llevando a cabo un patrón alimentario personalizado con un aporte nutricional adecuado te proporcionará una salud más fuerte. Deja que la comida para tus microbios sea tu medicina cerebral.


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